Mi parto inducido: Parte II

domingo, 12 de febrero de 2017

En "Mi parto inducido: Parte I" acababa así...

"sobre las 15.45 pasó la ginecóloga. Miró mi registro y me dijo "Pues la cosa se anima, tienes unas contracciones muy curiosas. Vamos a ver como vas"... El tacto ni lo sentí. Solamente quería que me dijese que ya estaba de parto, y que ese dolor no era a causa de la medicación, que no tendría que soportar eso durante dos días..."

Me habían repetido tantas veces que tenía que tener paciencia, que eso acababa de empezar, y que aún quizás ni estaba de parto... que solo quería llorar. Pero la ginecóloga, comprobando el estado de mi cuello del útero me miró y me dijo: "Pobrecita, ¿Cómo no te va a doler? ¡Si estás ya dilatada de 4 centímetros!"... Ufff... y entonces lloré, y empecé a ser la parturienta más educada y agradecida. Le di las gracias mil veces, y le dije que lloraba de alegría... que me habían insinuado tantas veces que era una quejica, que hasta me lo había creído, y decirme que había dilatado ya 4 centímetros... ¡Era la mejor noticia que me podía dar!

Entonces me hizo la pregunta del millón: "¿Quieres ya la epidural?"... Tengo que decir que yo iba con una idea muy clara: Aguantar el máximo posible (Hasta los 7 cm) para evitar que el parto se ralentizara por culpa de la epidural. Era uno de los miedo que tenía, y bueno, pensaba aguantar todo lo posible y ponérmela  solo para el final... pero,.. ¡Qué co...! ¡Si mi parto iba como una bala! ¿Qué necesidad tenía de sufrir más, si tenía claro que me la pondría después!. "Sí, quiero la epidural. Y la quiero ya". Esas contracciones dolían, y mucho. Además estaba completamente atada a la cama. En cuanto dijeron que había comenzado el parto, vinieron a ponerme una segunda vía. ¡Tenía una vía en cada brazo! Por culpa de la diabetes, tenían que ponerme varios sueros, y debían entrar por vías diferentes, así que lo que restaba de parto no iba a poder moverme mucho. Y quedarme en esa cama, tumbada y sin epidural, era algo que me parecía una tortura china. 

A las 16:15 vinieron a por mí para ponerme la epidural. Mi traslado al quirófano donde la ponían fue totalmente dantesco. Se empeñaron en llevarme en una silla, con las bombas de suero golpeándome en la cabeza (eran una bombas nuevas en el hospital, y no se manejaban muy bien con ellas...). Cuando llegué a la entrada me preguntaron retóricamente... "¿No llevas sujetador, verdad?". Tierra trágame. Si que lo llevaba. Había sido tan rápido, que ni me había acordado de quitármelo. ¡Y tenía una vía en cada brazo. Así que tuvieron que desconectármelas para poder quitármelo. Yo solo les decía... "Cortádmelo, me da igual el sujetador, cortádmelo"... como si aquello fuera vida o muerte...

Cuando por fin me quitaron el sujetador, me conectaron de nuevo las vías, y me pidieron que me dirigiese andando a la camilla... ¡Sorpresa! Sentí como un chorro de líquido salía de mi vagina y mojaba toda la silla de ruedas, el suelo, mi camisón... ¿Y que hice yo...? Ponerme otra vez a llorar... "He roto aguas... lo he manchado todo... ¿Cómo me vais a poner la epidural así? ¡La que he liado!" Claro... para mí todo era un drama... pero el personal se lo pasó bomba conmigo...

El anestesista que me tocó no era nada agradable. O al menos no lo parecía. Era un señor mayor, serio y bastante gruñón. Desde el principio me habló como un sargento. Dando órdenes claras, concisas y con mucha rectitud. Me hablaba de "señora", mientras yo me comportaba como una niña pequeña. Lloraba, temblaba... un cuadro. "Señora, no se puede mover... yo le voy a ir explicando todo lo que haremos, pero es muy importante que se esté quieta"... Yo, siempre había escuchado que la epidural se ponía entre una contracción y otra, aprovechando que no había dolor, para que la parturienta no se moviese. Y esa era mi obsesión. Me ponía sentada e incorporada y le decía... "Es que tengo las contracciones muy seguidas, cada minuto... y me duele mucho.,, no sé si seré capaz de no moverme"... La enfermera se ofrecía a ayudarme, pero yo no confiaba nada en mi misma. Y mientras lo pasaba fatal, y me sentía aterrada por la posibilidad de que me moviera y la cagase... seguía saliéndome líquido entre las piernas... No sé, nunca me lo imaginé así. 

Tengo que decir que la epidural no me dolió casi nada, a pesar de que me quejé mucho. El anestesista me reñía, y yo solo sabía pedirle perdón, llorar y decirle que no podía evitar moverme... Pero todo pasó y con la epidural puesta, y por mi propio pie caminé hasta la sala de dilatación. Tuve la suerte de que me tocó en una sala individual, y ahí pasé el resto de las horas que duró la dilatación. 

La matrona me dijo... "Pasaremos a verte de vez en cuando, pero hasta las 20:00 no te toca otro tacto. Por protocolo los hacemos cada 4 horas, para no molestarte mucho"...Todo un detalle. Allí nos quedamos mi pareja y yo, sin dolores, y charlando tranquilamente sobre cómo estaba yendo todo y lo poco que quedaba para tener a nuestra pequeña en brazos. 

Llegaron las 19:50 y la matrona vino dispuesta a hacerme el tacto protocolario. Todo era para ver cómo iba. Según ella estaría de unos 7-8 cm como mucho, pero... ¡Sorpresa! ¡Estaba en dilatación completa! Y otra vez lloré de la emoción... Ahora si que quedaba poco... y no tenía dolor, solo una ligera molestia cuando sentía las contracciones. Me ofrecieron empezar a empujar en la habitación, y allí empecé. Alma aún estaba en un segundo plano, tenía que descender dos escalones antes de coronar. Ayudada por mi marido, mi madre, la matrona residente, el matrón y una chica de prácticas, empecé con los pujos. Saqué fuerza de donde no la tenía, y aunque no sentía mucho, parecía que lo hacía bien. Estuve unos 10-15 minutos empujando y ya estaba lista para pasar a paritorio. Me desconectaron todos los monitores, las vías, me bajaron la epidural, y me dijeron que iban a ponerme oxitocina para conseguir que las contracciones fueran más seguidas., aunque creo que de esto no dio tiempo. Me pasaron corriendo a paritorio. Yo estaba súper tranquila, pero parecía que había prisa. 

Mi madre y mi marido se fueron a preparar con las batas y gorros estériles para entrar en paritorio mientras a mi me colocaban en el potro. Y a partir de ahí los recuerdos son borrosos. La intensidad del momento hace que borres muchos detalles de este recuerdo, al menos a mi me pasó así. Se que empujé muy pocas veces. Diría que mi niña nació en menos de 10 contracciones. 

En matrón me ayudó a identificar las contracciones para pujar. En la primera no salió. En la segunda, y a traición, me hizo la famosa y prohibida maniobra de Kristeller. Me clavó el codo en una costilla con tal presión, que me quedó sin respiración. Y ahí empezó mi pelea verbal con él... llegó el momento en el que me tenía que empezar a sentir como poseída... Él me dijo justo después de efectuarla: "Vamos, en la habitación estabas empujando más fuerte", y yo le contesté: "Si no dejaras caer todo tu peso sobre mí, lo mismo podría respirar para empujar... creo que me has partido una costilla"... Su explicación fue que ya no estaba monitorizada y tenían que ayudarme a acelerar el parto. Acto seguido empezó a asomarse a mis bajos... y a decirle a la matrona residente: "Hazle el cortecito ya". ¡No! ¿Pero por qué? No había habido ninguna complicación, iba todo rapidísimo, llevaba 3 contracciones en el paritorio, y ¿Ya querían hacerme la episiotomía? Y se lo dije: "Dejadme empujar, no me habéis dado tiempo, si decís que lo estoy haciendo muy bien, porqué no me dejáis empujar?" Parecía que lo iban a hacer, pero no. Antes de la siguiente contracción y casi sin que me diera cuenta me habían rajado, y la cabeza de mi niña salió en el siguiente pujo. No entiendo las prisas. Ni mi marido ni mi madre estuvieron presentes en ese momento. No porque no les dejaran entrar... sino porque no les dio tiempo. Todo esto ocurrió más rápido que lo que tardaron en darles una bata y un gorro de quirófano... nunca llegaré a entenderlo. 

Con la cabeza fuera, descubrieron que Alma venía con una circular apretada al cuello. Ahí si empezaron las prisas de verdad. Le cortaron el cordón a toda prisa, y en la siguiente contracción, y casi sin esfuerzo, el cuerpecito entero de mi niña salió por completo. Por fin, Alma llegó a este mundo. 



Enseguida me la pusieron encima, y no lloraba. Era preciosa, abrió los ojos, me miró, y enseguida se la llevaron a una mesita al otro lado del paritorio. Había que hacer que reaccionase. Tardó algo menos de un minuto, y rompió a llorar. No sentí angustia, había visto como me miraba, como se movía, lo preciosa que era y el buen color que tenía... Antes de que me la dieran, alumbré la placenta. Y entonces si que sentí un gran vacío interior, un alivio inmenso... Enseguida me devolvieron a mi niña, y entonces ya pude sentirla y disfrutarla sin fin... era preciosa, con la cara redondita... los ojos abiertos, enormes, mirándome, mirándolo todo como si quisiera comerse el mundo... Fue precioso y emocionante... ver a mi marido llorar de emoción, sentir que por fin ese embarazo tan pesado había terminado y saber que todo lo bueno estaba por llegar...

Estuvieron cosiéndome al menos 15 o 20 minutos. Tenía un desgarro importante y la episiotomía. Pero estaba bien, no había perdido mucha sangre ni nada. Ahora quedaba presentársela a la familia y pasar dos horas de intimidad en la sala posparto. Sin duda, dos horas preciosas, en las que se enganchó al pecho y en la que los tres asimilamos todo lo que acababa de pasar. Estábamos a punto de pasar nuestra primera noche juntos. 

Mi parto inducido: Parte I

martes, 7 de febrero de 2017


Pocas horas antes de ver a Alma...

¡Hola a tod@s!

Hoy hace exactamente dos meses y seis días que Alma llegó a este mundo. Y desde el minuto uno revolucionó mi vida y la de todos los que nos rodean. No puedo describir muchas de las sensaciones que nos han inundado desde que supimos que estaba en camino. Creo que hay que vivirlo para saberlo, porque todo lo que cuente es poco.

Tengo que ponerme al día con muchas entradas sobre el embarazo, ya que desde el segundo trimestre, no volví a escribir nada en el blog. Fue un embarazo intenso, con sus sobresaltos y disgustos, pero por suerte, todo iba quedando en pequeños sustos y baches en el camino. Pero eso no es lo que contaré en esta entrada.

Por mi cuenta de twitter conté que me tocó (y en esto no tuve suerte) padecer la temida Diabetes Gestacional. Desde la semana 26 tuve que batallar con mis niveles de glucosa para que Alma no sufriera las consecuencias. Fue muy duro, porque ni dieta, ni ejercicio, ni si quiera la insulina, consiguieron que esos niveles fueran regulares en ningún momento. Tan solo dos semanas antes del parto, parecía que la cosa estaba controlada, aunque con algún que otro nivel alterado.

El caso es que a pesar de que pregunté una y mil veces a la enfermera que hacía mi seguimiento, que cómo influía la diabetes en el parto, nunca me llegó a decir que si llegaba a la semana 40 y no había dado a luz, me inducirían el parto sí o sí. Solamente me comentó que tendrían que ponerme glucosa e insulina mediante una vía, y que no me iba a librar del incómodo gotero durante el trabajo de parto.

Gracias a la diabetes estuve muy controlada en el último trimestre, y visitaba la consulta de alto riesgo cada 15 días. A partir de la semana 37 empecé con monitores, y aunque yo notaba contracciones desde el séptimo mes, no eran contracciones de parto.

Cuando estaba de 39+6 tenía cita en alto riesgo. A pesar de caminar hasta el agotamiento, hacer ejercicios con la pelota de pilates, etc, en esa visita a monitores no se vieron tampoco contracciones de parto, aunque si que me exploraron y el cuello del útero estaba borrado al 40-50%.

La sorpresa me la llevé cuando la ginecóloga de turno en vez de darme la siguiente cita para monitores me dijo: "Pues está todo bien, pero como eres diabética insulinodependiente sin controlar, ingresas mañana para que induzcamos tu parto. Tienes buenas condiciones para una inducción, tu niña está bien de peso, tu estás cumplida y dejar avanzar tu embarazo solo puede aumentar las complicaciones en el parto, y en tu bebé".

Puff, me sentó como un jarro de agua fría... El parto inducido es el último que hubiese elegido. En todo mi entorno, conocía varios casos de partos inducidos que habían sido muy complicados, y ninguno fácil. Estaba aterrada, lloré de impotencia, e incluso pensé en negarme, pero ¿Y qué sabía yo para valorar si hacían bien o mal en provocarme el parto? Al fin y al cabo, yo, que tan informada me creía, nunca había escuchado, que a las 40 semanas exactas, la inducción se llevara a cabo por protocolo en los casos similares al mío. Así que, muy a mi pesar, agaché la cabeza y me dejé llevar... me dejé hacer.

Pasé ese día, que ya era el anterior al parto, bastante relajada y con mi marido. Intentamos dormir siesta, paseamos a nuestro perro, fuimos a comprar algunas cosas, a visitar a mi abuela, a los compañeros de trabajo... Por la noche me duché, me arreglé el pelo y repasé todo lo que había en la maleta del hospital. Me esmeré en dejar la casa limpia, recogida y lista para recibir a mi bebé a la vuelta... al menos, el saber cuando sería el parto, me permitió tomarme los preparativos con calma, además, ya tenía casi todo listo ese día. ¡Es que cumplía justo ese día!

Durante la consulta me hicieron un tacto, que me resultó bastante doloroso. Pensé... "ojalá esto acelere el parto". Durante el día sangré, aunque muy poco, Ya había expulsado el tapón mucoso poco a poco durante las 2-3 semanas anteriores. Pero empecé a soltar mucho flujo... o lo que yo pensaba que era flujo. Tenía un olor raro, y era transparente, mezclado con la poquita sangre que me había provocado el tacto. Pensé que quizás me habían hecho una fisura en la bolsa, y casi recé porque fuese así, y mi parto se desencadenase antes del ingreso. Pero no fue así.

La noche antes me acosté muy tarde, y dormí bien pero muy poco. y aunque sentía las mismas contracciones que meses anteriores, no parecían de parto.

A las 8:00 de la mañana ingresé acompañada por mi marido y mi madre. Entré en paritorio y me recibieron con el camisón ya en la mano. Después de tomar nota de algunos datos, entregué mi plan de parto diciendo "Bueno... os he traído mi plan de parto, pero claro... al ser inducido no creo que cumpláis casi nada de lo que aquí he escrito..." La matrona residente que me acompañó, me dijo, "No pienses eso, haremos lo que podamos". También entregué los documentos necesarios para donar la sangre del cordón umbilical. Era mi deseo.

A las 8:30 ya estaba en monitores. Me pasaron a una sala compartida de tres camas y allí me dejaron durante bastante tiempo. El personal que se encargaría de mi parto se presentó, y mi matrona residente, vino a ponerme la vía con una enfermera en prácticas. Bueno... no me voy a quejar. Todo el mundo tiene derecho a aprender, y tampoco fue para tanto... Había tenido la suerte de parir el día que un turno nuevo de estudiantes empezaban sus prácticas...

A las 10:30 pasó la ginecóloga a hablar conmigo y explicarme el proceso. Empezarían con Propess, una especie de tira de papel con hormonas prostaglandinas que colocarían en mi vagina para desencadenar el parto. Me explicó que me pondrían una ese día, durante 11 horas, y que podía funcionar o no. Si no funcionaba, la quitarían, y me dejarían descansar toda la noche. Al día siguiente pondrían otra. Y esperarían de nuevo 11 horas, para ver si hacía efecto. Si no lo hacía, me dejarían descansar de nuevo otra noche, y a la mañana siguiente empezarían con oxitocina. Me hizo un tacto y me dijo que el cuello del útero aún no estaba borrado, estaba como a un 40%, pero que tenía contracciones regulares (yo no las notaba, pero aparecían en el monitor) y que parecía tener muy buenas condiciones para la inducción. A las 11:00 de la mañana me colocaron la medicación y me dejaron casi una hora más en monitores. Mientras, me acordaba de los interminables partos de mis amigas... ojalá yo tuviera más suerte.

Al rato de ponerme la medicación, empecé a notar las contracciones que mostraba el monitor, con un ligero dolor similar al de la regla. No era una gran molestia, pero oye... parecía que eso hacía algo de efecto. Sobre las 11:45 me preguntaron cómo iba, y me dijeron que me subirían a planta. La próxima visita a monitores sería a las 18:00 de la tarde. Y por supuesto, que si sentía muchas contracciones, o muy fuertes, tenía que avisar, ya que había casos en los que había que retirar el Propess.

A las 12:00 ya estaba en la habitación con mi marido y mis padres. Tenía bastante buen humor y empecé a reírme sobre el dolorcillo que me estaba entrando. Sobre las 12:30, me dolía bastante, y me estaba dando cuenta de que las contracciones era bastante seguidas. No me había dado por controlarlas, porque al estar en el hospital, y decirme tantas veces que era un proceso largo... pues no le presté mucha atención. Entre tanto, me entraron ganas de hacer caca, y rápidamente fui al baño. Pensé que quizás más tarde, con ese dolor pero más intenso, no sería capaz. Al limpiarme me pareció que el Propess había salido un poco de mi vagina, pero con el barrigón... como para verlo. Mi madre "se asomó" un poco debajo del camisón, y me dijo que parecía estar dentro, y así quedó la cosa.

A la 13:00 noté que la intensidad de las contracciones era bastante fuerte... pero ¿Quién sabía hasta dónde podía llegar el dolor? Empecé ya a quejarme tímidamente... mi madre se reía... "Pues no te queda nada...", las enfermeras que me preguntaban me decían... "Es que te tiene que doler. Eso es buena señal, pero tranquila que queda mucho". 

Sobre la 13:15 empecé a cronometrar las contracciones. Y ¡Sorpresa! No eran totalmente regulares, pero eran cada dos minutos, o minuto y medio, y duraban unos 25-30 segundos. Y de nuevo las enfermeras... "Tranquila, es normal, con el Propess tendrás las contracciones más seguidas"... Puff... ¿Pero las contracciones no empezaban cada, 10, 5 minutos.... e iban progresando poco a poco? Qué horror. Empecé a ponerme nerviosa pensando en tener que aguantar ese dolor durante dos días.

A las 14:00 me trajeron la comida a la habitación. Como la inducción podía ser larga, no me habían puesto en ayunas aún. Las contracciones me dolían mucho. Llevaba ya un rato deambulando por la habitación, sin querer sentarme y aliviándome el dolor a base de respiraciones controladas, y basculando la pelvis como me habían enseñado en las clases de preparación al parto. Pero nada me ayudaba. Probé un bocado, porque mi marido y mi madre insistieron, pero era incapaz de comer con ese dolor. ¿En serio ese dolor era normal? ¿No era demasiado rápido? Pues según todos era lo normal, y yo una quejica.

A las 14:40 no podía soportarlo más. Las contracciones eran cada minuto, y duraban más de 40 segundos. Eran muy fuertes y dolorosas. No podía descansar entre unas y otras, me encontraba fatal, sentía que hiperventilaba, y que aquello iba demasiado rápido. Nadie me hacía caso, era una primeriza más quejándose de los primeros dolores del parto... pues anda que no me quedaba nada...

A las 15:00 exigí que me bajaran a monitores. A mi me habían dicho que avisara si las contracciones eran muy seguidas o muy fuertes, y por mucho que se empeñaran en que aguantara, a mi no me parecía que fuese el inicio del parto. Yo quería saber como iba, y que todo estaba bien. Quedaban aún 3 horas para las 18:00 y no pensaba aguantar 3 horas sin que nadie me viera.

Enseguida me bajaron a paritorio, pero me dejaron allí aparcada en monitores. En esa cama que se convirtió en una cama de tortura, porque no soportaba estar tumbada. Me quería levantar, pero querían tener un registro claro de monitores y no me dejaron. Me retorcía allí, mientras el matrón responsable de mi parto se reía de mí. "Esto solo está empezando. Te acaban de poner el Propess como quien dice... te queda mucho, tienes que mentalizarte y aguantar el dolor, es muy pronto". Yo quería matarlo... uf. Después entró mi madre, que trabaja en ese hospital, y vio como me retorcía y lloraba. Le daba patadas a los pies de la cama, porque el dolor era insoportable, y estaba ahí cada minuto, durante un minuto.

Por fin, sobre las 15.45 pasó la ginecóloga. Miró mi registro y me dijo "Pues la cosa se anima, tienes unas contracciones muy curiosas. Vamos a ver como vas"... El tacto ni lo sentí. Solamente quería que me dijese que ya estaba de parto, y que ese dolor no era a causa de la medicación, que no tendría que soportar eso durante dos días...


CONTINUARÁ... (Mi parto inducido: Parte II)

Diario de Embarazo: Semanas de la 20 a la 25

jueves, 18 de agosto de 2016

Tras la ecografía morfológica, todo había empezado a enturbiarse. Yo que llevaba un embarazo espectacular, envidiable, sin vómitos, sin naúseas... de repente me encuentro con que mi niña no tiene los riñones bien del todo, y el fémur muy corto. Dos marcadores de posibles anomalías cromosómicas o malformaciones.

Nos habían citado para cuatro semanas después. Era preciso comprobar la evolución de la dilatación renal y el crecimiento del fémur. La verdad es que pensaba que se me harían eternas las semanas, pero no. Ha pasado todo demasiado rápido. Tras informarme sobre la dilatación renal, y sabiendo que la de mi peque era de lo más mínimo, me tranquilicé bastante y empecé a disfrutar de la parte más bonita del embarazo: La aparición de la tripita y las primeras patadas. ¡Por fin la siento!

Las primeros movimientos de mi niña

Ya en la semana 17-18 sentía algunos movimientos, aunque tengo que reconocer que en ese momento no estaba segura de que lo fueran. Eran como grandes burbujas de aire (gases) dando vueltas por mi intestino... (eso me parecían). Sin embargo con el paso de las semanas, esas sensaciones eran cada vez más intensas y repetitivas. ¡Era ella! Y sobre la semana 19 estaba ya segura. En la 20, justo cuando me fui de vacaciones, ya sentía perfectamente sus movimientos, aunque aun seguían siendo leves y difusos. Y sin darme cuenta, cada día eran más fuertes. No sé si en la 21 o en la 22 ya me daba pataditas claramente. En la 23, su papá notó claramente su primera patada percibida desde fuera... ¡Qué momentazo! Hasta ahora solo lo disfrutaba yo. Ahora todas las noches, cuando llega del trabajo me pone su mano en la tripa a la espera de una señal. Hay días en que no lo consigue. Otros parece que la peque le saluda. A los pocos días, y con mucha suerte, mi hermana que vive fuera y había venido a pasar unos días, también la notó. Y hoy, tras beberme el potingue de glucosa pura que nos dan en la prueba de la curva, mi madre, la feliz abuela ha notado como patalea la mocosina de la familia. Es increíble la sensación. Saber que está ahí nos hace estar mucho más conectadas. Desde entonces le hablo más. De vez en cuando incluso le doy toquecitos para que se mueva, y empieza a responderme. Incluso estoy aprendiendo a saber en qué posición está.

Eco de revisión en la semana 24

Las semanas pasaron, y por fin llegó la ecografía más temida, y la más esperada. La verdad es que fui muerta de miedo. Podían pasar varias cosas: que la dilatación siguiera estable y en su grado más leve, que hubiera empeorado o que hubiera desaparecido. Me conformaba con que se estabilizara. Hubiera sido una genial noticia. ¡PERO FUE MEJOR! La dilatación renal ha desaparecido, al menos por el momento. Así que por esa parte, una preocupación menos.

En cuanto al fémur, las noticias no fueron tan buenas. Si en la semana 20 sus medidas eran de un percentil 5, en la 24 era incluso más bajo (no me dijeron cuanto). Pero el resto de las medidas estaban perfectas, y aunque su peso (517 gramos) también era escaso (percentil 5), al estar todo lo demás normal, nos dijo la ginecóloga que no había de qué preocuparse. Cuando todas las medidas son normales, o solo hay un parámetro que se sale de esa normalidad estadística, consideran que son "bebés constitucionalmente pequeños". Así que mi pequeña está sana, pero es pequeñita, todo amor concentrado.

Test O'Sullivan 


Pues lo tengo reciente y fresquito. Esta mañana mismo me lo hicieron, y un familiar que trabaja en el hospital me ha dicho el resultado. No me han llamado aún pero ya sé que me ha dado positivo, así que imagino que me tocará hacer la curva larga, y que se me acabaron lso caprichos dulce en lo que queda de embarazo. La verdad es que no me lo esperaba. Mi glucosa basal es súper estable, siempre me da lo mismo en todos los análisis, nunca tuve problemas con el azúcar, y exceptuando que últimamente tengo muchísima sed (algo que achacaba al caluroso verano que llevamos...), no tenía síntomas. Ya os contaré que me dicen, y como sale la curva larga.

Pasado mañana me toca endocrino, y en los análisis ya me sale un asterisco como la copa de un pino en la TSH (¿o en la T4? No recuerdo bien...) y en muchos de los valores que empiezan a anunciar una anemia propia del embarazo... Así que me temo que me queda un tercer trimestre muy movidito.

En fin, nadie dijo que fuera fácil, aunque la meta supera todas las dificultades del camino.

Dilatación renal o Ectasia pielética renal en el feto

domingo, 7 de agosto de 2016

Mi pequeña fue diagnosticada en la ecografía morfológica de una Dilatación renal. En esos momentos, no tenía ni idea de qué significaba eso. Desde que escuché "renal" solamente podía imaginar una malformación en el riñón, y sentir como mi estómago y mi corazón se encogían. (Aquí os hablo sobre la ecografía de la semana 20)

Por eso, y porque no siempre los médicos se esfuerzan en que nos queden claras las cosas, he decidido compartir todo lo que tuve que averiguar yo solita para darme cuenta de que, ni era algo tan grave, ni debía disgustarme como lo estaba haciendo. Está claro que hubiera preferido que todo estuviera perfecto... sin peros, pero al fin y al cabo, existen problemas peores que éste.

¿Qué es la Dilatación renal?

La Dilatación Renal en los fetos es un hallazgo ecográfico (no un diagnóstico), que señala una posible malformación, retraso madurativo u obstrucción en el sistema urinario del bebé, que se manifiesta a través de una inflamación o dilatación del grosor renal.

Normalmente lo que se inflama es la pelvis renal, que es una especie de colector de orina en forma de embudo, que dirige la orina excretada hacia los uréteres. A veces existe una obstrucción en la salida del riñón, en la entrada de la vejiga, en la uretra, o simplemente un estrechamiento de los conductos que hace que la orina retroceda (reflujo) de nuevo hacia el riñón, provocando un aumento del mismo, sobre todo de la pelvis renal. Cuando la anomalía es grave, se manifiesta rápidamente una vez que los riñones han empezado a funcionar. (Esto ocurre sobre la semana 15). No obstante, es difícil diagnosticar una dilatación renal tan pronto, porque son muchos los fetos que sufren un pequeño desfase de desarrollo, y existen ocasiones en las que el riñón empieza a funcionar antes de que el resto del aparato excretor esté totalmente formado. El primer ginecólogo que vio algo raro lo hizo en la semana 16 y me dijo que tendría que esperar a la semana 20 para confirmar, puesto que a veces incluso las hormonas del embarazo provocaban una pequeña inflamación del riñón que podría confundirse con la dilatación renal de la que hablamos.

¿Es grave la Dilatación Renal en el feto?

(La imagen pertenece a urologiaperuana.wordpress.com

Hombre... es un problema, aunque para todo hay que relativizar. Como en otras patologías, la Dilatación renal se presenta en diferentes grados. Cuatro grados en concreto. El grado 1 es el más leve y el grado 4 o hidronefrosis grave, puede llegar a provocar un deterioro del riñón que acabe desembocando en una insuficiencia renal.
Para determinar el grado es preciso medir bien el perímetro del riñón y adecuarlo a la edad gestacional del feto. También hay que saber si la dilatación es unilateral (un riñón afectado) o bilateral (de los dos riñones).

¿Qué tratamiento precisa?

Pues cuando el grado de afectación es leve, e incluso en casos de grado 2, solamente hay que esperar, y evaluar la evolución del desarrollo a lo largo del resto del embarazo. La mayoría de las veces la afectación se soluciona por sí sola antes del nacimiento, o en los primeros meses de vida del bebé sin que se den síntomas de importancia. En el peor de las casos (dentro de este grado de afectación) puede no solucionar hasta los 3 años de edad.

Sin embargo, es posible que la evolución sea rápida y la función del riñón se vea comprometida. En ese caso, (y por eso es tan importante el control prenatal), hay que decidir que protocolo seguir según lo avanzado o no que esté el embarazo. A veces, es necesario provocar el parto lo antes posible para llevar a cabo una corrección quirúrgica, o en caso de ser posible, un caso extremadamente grave y que el bebé aún no esté lo suficientemente desarrollado, cabe la posibilidad de plantear una cirugía intrauterina, aunque esto siempre es peligroso, y por eso, solamente se utiliza en caso extremos, en los que la función de ambos riñones está muy comprometida. Pero para tranquilidad de muchas, esto ocurre muy, muy pocas veces, y eso que la Dilatación Renal es una de las anomalías más frecuentes en el embarazo (Se diagnostica en 1 de cada 100 embarazos).

Pronóstico de la Dilatación Renal, Pielactasis o Ectasia pielética renal

Muchos fetos no llegan a ser diagnosticados nunca. Otros, pasan desapercibidos por todo el control prenatal, y son diagnosticados al nacer, y otros incluso son diagnosticados meses después de nacer. Como ya os he comentado, suele ser un problema, que cuando se presenta en grado 1 o 2, llega a solucionarse por si solos. En los casos graves, siendo diagnosticados a tiempo, pueden solucionarse totalmente de forma quirúrgica.

La mayoría de las veces, los bebés que presentan una dilatación renal en parte de su desarrollo fetal o infantil, tienen mayor probabilidad de padecer infecciones de orina o infecciones renales, y por eso es importante (sobre todo en bebés) permanecer atentas a posibles síntomas como cambios en la micción, escasez de orina o fiebre.

¿Por qué me llevé el disgusto del siglo si no es para tanto?

¡Pues porque no me explicaron nada! Solo me dijeron "Tu nena tiene esto... ven dentro de un mes" "¿Y cómo es de grave?" "Pues puede tener una insufeciencia renal..." "¿Pero y qué puedo hacer...?" "Nada... solo esperar..." No me hablaron de distintos grados, y no estaban muy por la labor de darme explicaciones científicas (subestiman nuestra comprensión lingüística y científica...) Tras mucho preguntar, el ginecólogo me dio un dato que a posteriori me sirvió para tranquilizarme: la dilatación de mi peque era solo de 4 milímetros, o sea grado 1. No tenía que preocuparme en exceso.

¿Qué más hay que saber sobre la Dilatación renal?


Varias cosas:

  • Más de la mitad de las mujeres que presentan este problema en su primer embarazo, suele presentarlo en los sucesivos. 
  • La Dilatación renal es considerada un factor de riesgo que aumenta la posibilidad de Síndrome de Down u otros trastornos genéticos. Pero para ello deben darse otros factores diagnosticados, como por ejemplo una alta probabilidad detectada en el triple screening del primer trimestre, antecedentes familiares o una edad materna superior a 35 años.  Pero el diagnóstico aislado de dilatación renal no indica nada al respecto. 


Ya ha pasado casi un mes de la ecografía morfológica en la que nos lo comunicaron. Esta semana tenemos el siguiente control, y estoy deseando saber como ha evolucionado este problema. Esperemos que no vaya a más y Alma pueda quedarse ahí dentro hasta que decida nacer por sí misma. Confío en que así sea. Lo cierto es que hasta ahora no había escuchado nunca hablar de este problema. 

¿A alguno de vuestros bebés también se lo diagnosticaron?







Semana 20 de embarazo: Ecografía morfológica

La ecografía de las 20 semanas tiene nombre propio: Ecografía morfológica. Y es sin duda de las más importantes del embarazo. Es muy especial porque llega justo en el ecuador del mismo, cuando la mamá ya se siente embarazada y cuando muchas ya incluso han empezado a sentir a su bebé.

Durante la misma se estudia a fondo la anatomía completa del bebé. Se revisan con minuciosidad cada uno de los órganos más importantes, comprobando su grado de desarrollo, así como su funcionamiento si es que ya han empezado a funcionar.

¿Qué se busca en la ecografía morfológica?


  1. Aunque suene duro, se buscan malformaciones o signos de anomalías cromosómicas. Y por supuesto, se confirma la ausencia de varias cosas, claro. 
  2. Se mide perfectamente cada parte del feto para detectar problemas o retrasos de crecimiento o desarrollo. 
  3. Se intenta valorar el estado de bienestar fetal: Se comprueba el latido, los movimientos, los flujos de sangre, la placenta, el nivel de líquido amniótico...
  4. Se comprueba el funcionamiento y desarrollo de los órganos más importantes. 
  5. Se confirma o determina el sexo del bebé
¿Por qué es tan importante esta ecografía?

En caso de malformaciones graves o incompatibles con la vida, la madre tiene un plazo máximo para interrupir su embarazo de forma voluntaria. Si no me equivoco, ese plazo se extiende hasta la semana 22. Por eso, los resultados pueden ser decisivos, y deben dar un margen para comprobaciones, segundas opiniones y pruebas complementarias. (Muy justito creo que anda...) Desafortunadamente, no todas las malformaciones, síndromes congénitos o problemas graves pueden detectarse en esta semana, pero si que se sabe que alrededor de un 3% de las interrupciones voluntarias de embarazo en España se practican por este motivo. 

¿Es totalmente fiable el diagnóstico prenatal en esta ecografía?

A priori si. Aunque es cierto que existen factores que dificultan un diagnóstico fiable. No es fácil ecografiar un cuerpo pequeñito aún, con mucha precisión por diversos motivos: 
  • Los fetos se mueven mucho, y no siempre es fácil explorarlos
  • La escasez de líquido amniótico puede dificultar la visualización ecográfica. 
  • La posición del bebé también es determinante. 
  • Otros factores también pueden influir: obesidad de la madre, gases intestinales, etc. 
¿Cómo fue mi ecografía morfológica?

Interminable. Siempre me habían dicho que era la más larga, pero no exagero si os digo que estuve más de 40 minutos tumbada en silencio sin recibir ninguna explicación y sin poder observar el monitor. Mi única imagen era la de la ginecóloga que me practicaba el ultrasonido, y la residente que observaba con detalle y tomaba nota de la biometría fetal. 

Luego lo entendí todo: mi pequeña tenía un problemita en el riñón, y además su postura no era la mejor para que pudieran examinarla con detenimiento. Por eso tardaban tanto. La ginecóloga.... pues no era el alma de la fiesta, pero no tengo queja porque es muy profesional, aunque poco empática. 

Al final de todo me dio su "diagnóstico" que confirmarían después en la consulta del ginecólogo. (Aquí os cuento qué es la Dilatación renal) Y como vio que me llevé el gran disgusto, me intentó enseñar su carita. Pero mi peque parece que lo de las fotos se le resiste... no nos deja verla bien en ninguna de las ecografías y esta no iba a ser menos... Aún así, la doctora insistió y la nena retiró por un momento las manos de su carita y ¡zas! pillamos la mejor foto del embarazo hasta el momento.

(No se ve muy bien, pero esta es nuestra peque)

¿Y a vosotras? ¿Qué tal os fue esta ecografía?

Diario de embarazo: Semanas 13-19

miércoles, 3 de agosto de 2016

Estas son las mejores semanas de embarazo. Al menos para mi fueron así. Aún no estás pesada, ya ha pasado el mayor riesgo de aborto espontáneo, y empiezas a notar como tu cuerpo cambia. Te haces consciente de tu embarazo, y por fin empiezas a tener pinta de embarazada. ¡Ya podemos creérnoslo!

Tras el triple screening con un resultado de riesgo de malformaciones bajísimo casi nulo, empecé a disfrutar del embarazo. Las pocas náuseas que tuve empezaron a desaparecer, y el sueño incontrolable empezó a ir a menos. Ya podía ir a trabajar sin bostezar a todas horas, y sin pensar en comer... Si, mis naúseas desaparecían a base de picoteo... muy sano...

¡Me siento embarazada!

Es curioso, cuando menos síntomas tienes, es cuando de repente un día tu tripa hace ¡pum! y de repente empieza a redondearse y a tomar un aspecto muy particular. Hasta ahora tenía esa pinta de "dejada",... esa tripa que la gente ve y no sabe si tienes unos kilos de más o estás embarazada... algo difuso, y nada aclaratorio... Ya desde la semana 11 algo me notaba...Pero a partir de la semana 14 la cosa empezaba a ser más obvia. 


Y la pregunta del millón... ¿Niño o niña?

Tanto mi marido como yo no estábamos muy por la labor de esperar a las 20 semanas para conocer el sexo de nuestra criatura... Así que llamamos al ginecólogo privado al que acudimos para confirmar el embarazo y nos aconsejó acudir a partir de la semana 16. 

En la semana 12, nos habían dicho que si era niño probablemente pudiera verse. Y no se vio... Pero claro, teniendo en cuenta que nuestro bebé estaba en una posición pésima para ser observado, que incluso hacía difícil medirle la traslucencia nucal, pues tampoco nos extrañó que el sexo no se revelase.

En la semana 16+1 fui a la consulta con mi madre, porque mi marido no pudo asistir por un cambio de última hora en el trabajo.... una pena. Otra vez de nuevo, el bebé estaba colocado de mala manera... dando la lata ya desde peque, jejeje. Pero yo ya había observado ecografías en Internet y en una de las imágenes que iba observando el doctor, me pareció ver que era una niña...

Al rato, el ginecólogo nos preguntó que si queríamos finalmente saber el sexo, que ya podía confirmarnos. ¡Y efectivamente era una nena! Mi peque será la niña de papá que lo que más quería era una niña, y de mamá, por supuesto. ¡Y de la abuela allí presente que soñaba con otra mujer en la familia!


Esta es mi pequeña... y esta es la mejor foto que se dejó hacer ese día. Eso de posar... de momento no se le da nada bien. Siempre está de espaldas, y atravesada, por lo que es muy complicado conseguir una de esas preciosas ecografías de las que otras madres presumen... aunque a mi me parece la niña más bonita de mundo... que voy a decir yo...

A parte del sexo, la ecografía fue muy completa, lo más parecida a la morfológica. Todo estaba bastante bien. Pesaba ya unos 126 gr. aunque como dijo el ginecólogo, por sus posturitas, costaba mucho medirla con precisión. Por lo demás todo parecía dentro de la normalidad, excepto sus riñones. En esta ecografía escuché por primera vez el término "Dilatación renal". Mi ginecólogo me dijo que era demasiado pronto para afirmar que realmente existía una dilatación renal, porque los riñones acababan de empezar a funcionar. A pesar de eso, le quitó importancia diciéndome que era algo habitual durante la formación de los riñones, y que a veces estaba incluso provocada por las hormonas del embarazo. No me gustó nada escuchar hablar de algo "fuera de lo normal" en mi bebé, pero me tranquilizó bastante, y me instó a esperar a la semana 20, donde se vería con más claridad si existía esa dilatación renal o no. 

El subidón de poder imaginar con más claridad a mi bebé sabiendo que era una nena, y la alegría familiar de saber que efectivamente era una niña y muy deseada por todos, hizo que este pequeño detalle quedara difuso, en el aire, hasta la próxima cita. Ahora mismo estaba feliz y seguía esperando a que mi pequeña terminara de formarse. 

Antes de la semana 20 me tocaron dos citas más. Por un lado a la matrona, en la semana 18. Por primera vez me midió la altura del útero y me permitió escuchar el corazón de mi bebé mediante doppler. Todo perfecto. Y por otro lado, en la misma semana, control rutinario con el endocrino. La última vez que lo visité tenía mi TSH en el límite de la normalidad, así que me predijo que seguramente en el siguiente control (este) tendría que ponerme tratamiento. Sin embargo, ¡Sorpresa! Mis hormonas tiroideas se habían estabilizado, y tenía los niveles más "normales" que nunca. Así que, citada para mes y medio después, y a seguir disfrutando del embarazo. 

Y llegaron las vacaciones

¡Y los tres volamos a Lanzarote! Queríamos darnos un último homenaje en pareja, aunque ya con nuestro futuro muy presente en mi tripita. Una semana de relax, de excursiones y de playa, de disfrutar y de sentir, y de empezar a notar lo que crecía dentro de mi. Entre las semana 18-19 empecé a sentir los movimientos de mi nena, aunque sin estar muy segura y totalmente escéptica. Aún me sabía a poco... Pero ya habrá tiempo de sentir. De momento, hay que disfrutar el camino, porque... ¡esta vida empieza a crecer a pasos agigantados!



Diario de embarazo: Semanas 8-12 de embarazo

martes, 26 de julio de 2016

Tengo que empezar diciendo que... ¡Estas semanas son las peores del embarazo! Por lo menos para mí y a falta del tercer trimestre... En realidad desde la semana 7. Y es que aunque no puedo quejarme porque llevo un embarazo maravilloso y muy, muy llevadero, estas semanas fueron una agonía. 

Síntomas primer trimestre de embarazo

Pues empecé simplemente con los paseos nocturnos al baño. Cada vez fue a más. Mínimo me levantaba cada noche al menos dos veces. Además durante el día también me pasaba. Mis visitas al baño eran muy, muy frecuentes, y a pesar de la urgencia con las que algunas veces acudía, luego en realidad era muy poco pis el que tenía retenido... Para mí este síntoma fue una sorpresa. Yo siempre había pensado que esto pasada con el embarazo más avanzado, por la presión del bebé sobre la vejiga. Pero no. Ocurre desde el primer día, entre otras cosas por la revolución hormonal, que incluso afecta a los esfínteres, y por la dilatación preparación del útero y de toda la zona pélvica. Pero es que además, desde el primer día de embarazo, nuestro cuerpo comienza a producir más cantidad de sangre. Y claro este mayor volumen de sangre, hace que los riñones tengan que trabajar más y por lo tanto tengan que producir más orina. En fin... gajes del oficio...

En cuanto a las náuseas y vómitos... soy una privilegiada (creo). Yo NUNCA vomito. Y cuando digo NUNCA, es que recuerdo haber vomitado como 4 o 5 veces en mi vida. Por eso temía el embarazo... me resulta muy desagradable (como a todo el mundo), pero creo que psicológicamente eso hace que vomite menos que cualquiera. Y puedo decir, que no he vomitado ni una sola vez en el embarazo,.. aunque reconozco que por poco. Nauseas si que he tenido, sobre todo por la mañana. Aunque al poco de empezar a tenerlas descubrí que las tenía cuando tenía el estómago vacío. Por eso al levantarme era el peor momento... ¡Cómo lo solucioné? Pues desayunaba nada más levantarme, y siempre llevaba algo de comer en el bolso. Fruta, zumos, barritas de cereales, frutos secos... todo esto me ha salvado la vida y mi capacidad laboral. 

Lo que peor he llevado ha sido el sueño extremo. ¡Nadie me había contado que el sueño durante el embarazo me haría perder las riendas de mi día a día! El trabajo se me hacía cuesta arriba... Dormía fatal, me despertaba con sueño... y cuando más tranquila estaba... ¡Pum! ¡Cabezada involuntaria! Delante del ordenador... ¡Y hasta de pie! Todo el día bostezando vergonzosamente... y sin querer explicarle aún a todo el mundo que estaba embarazada... Sin duda lo más incómodo. 

Por lo demás, pocos síntomas. ¡He sido toda una campeona!

Ecografías en esta etapa (Primer trimestre)

Como ya conté en el post anterior, en la semana 7 acudí a un ginecólogo privado para que me confirmase el embarazo y su buena marcha mediante ecografía. En esa ecografía confirmaron que estaba de 6 semanas y 1 día. Y el corazón latía correctamente. ¡Fue una pasada! ver que la vida se abría paso... en forma de bolita con latido.... sin duda uno de los momentos más emocionantes del embarazo. ¡0'5 cm de felicidad latente!



 Dentro de la misma consulta de confirmación del embarazo, nos entraba una ecografía en la semana 9. De esta manera, el doctor podía comprobar que el crecimiento era el adecuado y progresaba correctamente, y de paso ver las pequeñas formitas que iban apareciendo en esa bolita. Fue una sorpresa tremenda encontrarnos solo unos días después con un embrión que aunque con forma primitiva, ya podía decirse que se intuía una forma humana.

Durante la semana 11 tuve que acudir a la extracción de sangre para los análisis del Triple Screening. Sinceramente, hasta esta semana me parecía que las embarazadas teníamos muy poca atención médica. Una simple visita a la matrona, y unos análisis de los que no te dan resultados hasta la ecografía del primer trimestre, deben hacerte ser consciente y creer que estás realmente embarazada. A mí me costó...

Triple Screening y Primera Ecografía de la seguridad social

En esta primera consulta me dieron mi Cartilla de Embarazo. Ahí me van apuntando la evolución del peso, la tensión, medida o altura de útero, etc. Además en la primera consulta rellenan todos los datos, incluidos observaciones como antecedentes familiares o antecedentes médicos.

Y llegó el momento de la ecografía... Estaba ansiosa. Por fin iba a ver una personita en miniatura en mi interior. Había visto cientos de ecografías de la semana 12 por Internet, y llegaba el momento de ver la mía.

Pero mi bebé no estaba muy por la labor ese día. Estaba boca abajo y de espaldas. O sea... con la espalda y el culete en la parte de mi tripa y su cara hacia mi espalda. Además completamente arrugadito/a tanto que ni siquiera se podía medir la translucencia nucal. Así que la ginecóloga me mandó a pasear y comer algo para que se activase. Y nada, al rato por fin se pudo medir. Mi peque medía 6,20 cm, y su translucencia nucal era perfecta. Yo estaba de 12 semanas y 4 días, y los resultados de la analítica determinaban que tenía el riesgo más bajo de anomalías cromosómicas. Eso sí... con lo de tener la primera foto bonita de mi bebé... mi gozo en un pozo...

¿Y yo? ¿Cómo he cambiado?

Pues he de decir que estoy bastante barrigona. A estas alturas del embarazo, el primer trimestre me ha supuesto engordar 2'5 kg. No es mucho, pero parece que todo está en la tripa, el pecho y los tobillos. En mi semana 12 ya luzco esta tremenda panza, y me quedan pequeños hasta los leggins. Solamente puedo usar vestiditos, y ya he hecho mis primeras adquisiciones premamá para el verano. Pero es que de aquí en adelante... es lo que toca. ¡Y me encanta empezar a sentirme embarazada de verdad!

Y con la semana 12 cerramos la primera etapa, el primer trimestre y con todo esto, vamos pasito a pasito acercándonos hasta nuestro sueño. Ya falta poco para saber si tendremos un peque o una peque, y empezar a ponerle forma y a imaginar como será su vida. Sin duda, el embarazo está siendo una aventura que se prevé preciosa pero muy larga. A mi al menos se me hace eterna, pero por las ganas que tengo de tener a mi bebé fuera. Hace mucho tiempo que ya me sentía madre, y ahora, no veo el momento de serlo al 100%

¡Esto va que vuela!