Mi parto inducido: Parte II

domingo, 12 de febrero de 2017

En "Mi parto inducido: Parte I" acababa así...

"sobre las 15.45 pasó la ginecóloga. Miró mi registro y me dijo "Pues la cosa se anima, tienes unas contracciones muy curiosas. Vamos a ver como vas"... El tacto ni lo sentí. Solamente quería que me dijese que ya estaba de parto, y que ese dolor no era a causa de la medicación, que no tendría que soportar eso durante dos días..."

Me habían repetido tantas veces que tenía que tener paciencia, que eso acababa de empezar, y que aún quizás ni estaba de parto... que solo quería llorar. Pero la ginecóloga, comprobando el estado de mi cuello del útero me miró y me dijo: "Pobrecita, ¿Cómo no te va a doler? ¡Si estás ya dilatada de 4 centímetros!"... Ufff... y entonces lloré, y empecé a ser la parturienta más educada y agradecida. Le di las gracias mil veces, y le dije que lloraba de alegría... que me habían insinuado tantas veces que era una quejica, que hasta me lo había creído, y decirme que había dilatado ya 4 centímetros... ¡Era la mejor noticia que me podía dar!

Entonces me hizo la pregunta del millón: "¿Quieres ya la epidural?"... Tengo que decir que yo iba con una idea muy clara: Aguantar el máximo posible (Hasta los 7 cm) para evitar que el parto se ralentizara por culpa de la epidural. Era uno de los miedo que tenía, y bueno, pensaba aguantar todo lo posible y ponérmela  solo para el final... pero,.. ¡Qué co...! ¡Si mi parto iba como una bala! ¿Qué necesidad tenía de sufrir más, si tenía claro que me la pondría después!. "Sí, quiero la epidural. Y la quiero ya". Esas contracciones dolían, y mucho. Además estaba completamente atada a la cama. En cuanto dijeron que había comenzado el parto, vinieron a ponerme una segunda vía. ¡Tenía una vía en cada brazo! Por culpa de la diabetes, tenían que ponerme varios sueros, y debían entrar por vías diferentes, así que lo que restaba de parto no iba a poder moverme mucho. Y quedarme en esa cama, tumbada y sin epidural, era algo que me parecía una tortura china. 

A las 16:15 vinieron a por mí para ponerme la epidural. Mi traslado al quirófano donde la ponían fue totalmente dantesco. Se empeñaron en llevarme en una silla, con las bombas de suero golpeándome en la cabeza (eran una bombas nuevas en el hospital, y no se manejaban muy bien con ellas...). Cuando llegué a la entrada me preguntaron retóricamente... "¿No llevas sujetador, verdad?". Tierra trágame. Si que lo llevaba. Había sido tan rápido, que ni me había acordado de quitármelo. ¡Y tenía una vía en cada brazo. Así que tuvieron que desconectármelas para poder quitármelo. Yo solo les decía... "Cortádmelo, me da igual el sujetador, cortádmelo"... como si aquello fuera vida o muerte...

Cuando por fin me quitaron el sujetador, me conectaron de nuevo las vías, y me pidieron que me dirigiese andando a la camilla... ¡Sorpresa! Sentí como un chorro de líquido salía de mi vagina y mojaba toda la silla de ruedas, el suelo, mi camisón... ¿Y que hice yo...? Ponerme otra vez a llorar... "He roto aguas... lo he manchado todo... ¿Cómo me vais a poner la epidural así? ¡La que he liado!" Claro... para mí todo era un drama... pero el personal se lo pasó bomba conmigo...

El anestesista que me tocó no era nada agradable. O al menos no lo parecía. Era un señor mayor, serio y bastante gruñón. Desde el principio me habló como un sargento. Dando órdenes claras, concisas y con mucha rectitud. Me hablaba de "señora", mientras yo me comportaba como una niña pequeña. Lloraba, temblaba... un cuadro. "Señora, no se puede mover... yo le voy a ir explicando todo lo que haremos, pero es muy importante que se esté quieta"... Yo, siempre había escuchado que la epidural se ponía entre una contracción y otra, aprovechando que no había dolor, para que la parturienta no se moviese. Y esa era mi obsesión. Me ponía sentada e incorporada y le decía... "Es que tengo las contracciones muy seguidas, cada minuto... y me duele mucho.,, no sé si seré capaz de no moverme"... La enfermera se ofrecía a ayudarme, pero yo no confiaba nada en mi misma. Y mientras lo pasaba fatal, y me sentía aterrada por la posibilidad de que me moviera y la cagase... seguía saliéndome líquido entre las piernas... No sé, nunca me lo imaginé así. 

Tengo que decir que la epidural no me dolió casi nada, a pesar de que me quejé mucho. El anestesista me reñía, y yo solo sabía pedirle perdón, llorar y decirle que no podía evitar moverme... Pero todo pasó y con la epidural puesta, y por mi propio pie caminé hasta la sala de dilatación. Tuve la suerte de que me tocó en una sala individual, y ahí pasé el resto de las horas que duró la dilatación. 

La matrona me dijo... "Pasaremos a verte de vez en cuando, pero hasta las 20:00 no te toca otro tacto. Por protocolo los hacemos cada 4 horas, para no molestarte mucho"...Todo un detalle. Allí nos quedamos mi pareja y yo, sin dolores, y charlando tranquilamente sobre cómo estaba yendo todo y lo poco que quedaba para tener a nuestra pequeña en brazos. 

Llegaron las 19:50 y la matrona vino dispuesta a hacerme el tacto protocolario. Todo era para ver cómo iba. Según ella estaría de unos 7-8 cm como mucho, pero... ¡Sorpresa! ¡Estaba en dilatación completa! Y otra vez lloré de la emoción... Ahora si que quedaba poco... y no tenía dolor, solo una ligera molestia cuando sentía las contracciones. Me ofrecieron empezar a empujar en la habitación, y allí empecé. Alma aún estaba en un segundo plano, tenía que descender dos escalones antes de coronar. Ayudada por mi marido, mi madre, la matrona residente, el matrón y una chica de prácticas, empecé con los pujos. Saqué fuerza de donde no la tenía, y aunque no sentía mucho, parecía que lo hacía bien. Estuve unos 10-15 minutos empujando y ya estaba lista para pasar a paritorio. Me desconectaron todos los monitores, las vías, me bajaron la epidural, y me dijeron que iban a ponerme oxitocina para conseguir que las contracciones fueran más seguidas., aunque creo que de esto no dio tiempo. Me pasaron corriendo a paritorio. Yo estaba súper tranquila, pero parecía que había prisa. 

Mi madre y mi marido se fueron a preparar con las batas y gorros estériles para entrar en paritorio mientras a mi me colocaban en el potro. Y a partir de ahí los recuerdos son borrosos. La intensidad del momento hace que borres muchos detalles de este recuerdo, al menos a mi me pasó así. Se que empujé muy pocas veces. Diría que mi niña nació en menos de 10 contracciones. 

En matrón me ayudó a identificar las contracciones para pujar. En la primera no salió. En la segunda, y a traición, me hizo la famosa y prohibida maniobra de Kristeller. Me clavó el codo en una costilla con tal presión, que me quedó sin respiración. Y ahí empezó mi pelea verbal con él... llegó el momento en el que me tenía que empezar a sentir como poseída... Él me dijo justo después de efectuarla: "Vamos, en la habitación estabas empujando más fuerte", y yo le contesté: "Si no dejaras caer todo tu peso sobre mí, lo mismo podría respirar para empujar... creo que me has partido una costilla"... Su explicación fue que ya no estaba monitorizada y tenían que ayudarme a acelerar el parto. Acto seguido empezó a asomarse a mis bajos... y a decirle a la matrona residente: "Hazle el cortecito ya". ¡No! ¿Pero por qué? No había habido ninguna complicación, iba todo rapidísimo, llevaba 3 contracciones en el paritorio, y ¿Ya querían hacerme la episiotomía? Y se lo dije: "Dejadme empujar, no me habéis dado tiempo, si decís que lo estoy haciendo muy bien, porqué no me dejáis empujar?" Parecía que lo iban a hacer, pero no. Antes de la siguiente contracción y casi sin que me diera cuenta me habían rajado, y la cabeza de mi niña salió en el siguiente pujo. No entiendo las prisas. Ni mi marido ni mi madre estuvieron presentes en ese momento. No porque no les dejaran entrar... sino porque no les dio tiempo. Todo esto ocurrió más rápido que lo que tardaron en darles una bata y un gorro de quirófano... nunca llegaré a entenderlo. 

Con la cabeza fuera, descubrieron que Alma venía con una circular apretada al cuello. Ahí si empezaron las prisas de verdad. Le cortaron el cordón a toda prisa, y en la siguiente contracción, y casi sin esfuerzo, el cuerpecito entero de mi niña salió por completo. Por fin, Alma llegó a este mundo. 



Enseguida me la pusieron encima, y no lloraba. Era preciosa, abrió los ojos, me miró, y enseguida se la llevaron a una mesita al otro lado del paritorio. Había que hacer que reaccionase. Tardó algo menos de un minuto, y rompió a llorar. No sentí angustia, había visto como me miraba, como se movía, lo preciosa que era y el buen color que tenía... Antes de que me la dieran, alumbré la placenta. Y entonces si que sentí un gran vacío interior, un alivio inmenso... Enseguida me devolvieron a mi niña, y entonces ya pude sentirla y disfrutarla sin fin... era preciosa, con la cara redondita... los ojos abiertos, enormes, mirándome, mirándolo todo como si quisiera comerse el mundo... Fue precioso y emocionante... ver a mi marido llorar de emoción, sentir que por fin ese embarazo tan pesado había terminado y saber que todo lo bueno estaba por llegar...

Estuvieron cosiéndome al menos 15 o 20 minutos. Tenía un desgarro importante y la episiotomía. Pero estaba bien, no había perdido mucha sangre ni nada. Ahora quedaba presentársela a la familia y pasar dos horas de intimidad en la sala posparto. Sin duda, dos horas preciosas, en las que se enganchó al pecho y en la que los tres asimilamos todo lo que acababa de pasar. Estábamos a punto de pasar nuestra primera noche juntos. 

Mi parto inducido: Parte I

martes, 7 de febrero de 2017


Pocas horas antes de ver a Alma...

¡Hola a tod@s!

Hoy hace exactamente dos meses y seis días que Alma llegó a este mundo. Y desde el minuto uno revolucionó mi vida y la de todos los que nos rodean. No puedo describir muchas de las sensaciones que nos han inundado desde que supimos que estaba en camino. Creo que hay que vivirlo para saberlo, porque todo lo que cuente es poco.

Tengo que ponerme al día con muchas entradas sobre el embarazo, ya que desde el segundo trimestre, no volví a escribir nada en el blog. Fue un embarazo intenso, con sus sobresaltos y disgustos, pero por suerte, todo iba quedando en pequeños sustos y baches en el camino. Pero eso no es lo que contaré en esta entrada.

Por mi cuenta de twitter conté que me tocó (y en esto no tuve suerte) padecer la temida Diabetes Gestacional. Desde la semana 26 tuve que batallar con mis niveles de glucosa para que Alma no sufriera las consecuencias. Fue muy duro, porque ni dieta, ni ejercicio, ni si quiera la insulina, consiguieron que esos niveles fueran regulares en ningún momento. Tan solo dos semanas antes del parto, parecía que la cosa estaba controlada, aunque con algún que otro nivel alterado.

El caso es que a pesar de que pregunté una y mil veces a la enfermera que hacía mi seguimiento, que cómo influía la diabetes en el parto, nunca me llegó a decir que si llegaba a la semana 40 y no había dado a luz, me inducirían el parto sí o sí. Solamente me comentó que tendrían que ponerme glucosa e insulina mediante una vía, y que no me iba a librar del incómodo gotero durante el trabajo de parto.

Gracias a la diabetes estuve muy controlada en el último trimestre, y visitaba la consulta de alto riesgo cada 15 días. A partir de la semana 37 empecé con monitores, y aunque yo notaba contracciones desde el séptimo mes, no eran contracciones de parto.

Cuando estaba de 39+6 tenía cita en alto riesgo. A pesar de caminar hasta el agotamiento, hacer ejercicios con la pelota de pilates, etc, en esa visita a monitores no se vieron tampoco contracciones de parto, aunque si que me exploraron y el cuello del útero estaba borrado al 40-50%.

La sorpresa me la llevé cuando la ginecóloga de turno en vez de darme la siguiente cita para monitores me dijo: "Pues está todo bien, pero como eres diabética insulinodependiente sin controlar, ingresas mañana para que induzcamos tu parto. Tienes buenas condiciones para una inducción, tu niña está bien de peso, tu estás cumplida y dejar avanzar tu embarazo solo puede aumentar las complicaciones en el parto, y en tu bebé".

Puff, me sentó como un jarro de agua fría... El parto inducido es el último que hubiese elegido. En todo mi entorno, conocía varios casos de partos inducidos que habían sido muy complicados, y ninguno fácil. Estaba aterrada, lloré de impotencia, e incluso pensé en negarme, pero ¿Y qué sabía yo para valorar si hacían bien o mal en provocarme el parto? Al fin y al cabo, yo, que tan informada me creía, nunca había escuchado, que a las 40 semanas exactas, la inducción se llevara a cabo por protocolo en los casos similares al mío. Así que, muy a mi pesar, agaché la cabeza y me dejé llevar... me dejé hacer.

Pasé ese día, que ya era el anterior al parto, bastante relajada y con mi marido. Intentamos dormir siesta, paseamos a nuestro perro, fuimos a comprar algunas cosas, a visitar a mi abuela, a los compañeros de trabajo... Por la noche me duché, me arreglé el pelo y repasé todo lo que había en la maleta del hospital. Me esmeré en dejar la casa limpia, recogida y lista para recibir a mi bebé a la vuelta... al menos, el saber cuando sería el parto, me permitió tomarme los preparativos con calma, además, ya tenía casi todo listo ese día. ¡Es que cumplía justo ese día!

Durante la consulta me hicieron un tacto, que me resultó bastante doloroso. Pensé... "ojalá esto acelere el parto". Durante el día sangré, aunque muy poco, Ya había expulsado el tapón mucoso poco a poco durante las 2-3 semanas anteriores. Pero empecé a soltar mucho flujo... o lo que yo pensaba que era flujo. Tenía un olor raro, y era transparente, mezclado con la poquita sangre que me había provocado el tacto. Pensé que quizás me habían hecho una fisura en la bolsa, y casi recé porque fuese así, y mi parto se desencadenase antes del ingreso. Pero no fue así.

La noche antes me acosté muy tarde, y dormí bien pero muy poco. y aunque sentía las mismas contracciones que meses anteriores, no parecían de parto.

A las 8:00 de la mañana ingresé acompañada por mi marido y mi madre. Entré en paritorio y me recibieron con el camisón ya en la mano. Después de tomar nota de algunos datos, entregué mi plan de parto diciendo "Bueno... os he traído mi plan de parto, pero claro... al ser inducido no creo que cumpláis casi nada de lo que aquí he escrito..." La matrona residente que me acompañó, me dijo, "No pienses eso, haremos lo que podamos". También entregué los documentos necesarios para donar la sangre del cordón umbilical. Era mi deseo.

A las 8:30 ya estaba en monitores. Me pasaron a una sala compartida de tres camas y allí me dejaron durante bastante tiempo. El personal que se encargaría de mi parto se presentó, y mi matrona residente, vino a ponerme la vía con una enfermera en prácticas. Bueno... no me voy a quejar. Todo el mundo tiene derecho a aprender, y tampoco fue para tanto... Había tenido la suerte de parir el día que un turno nuevo de estudiantes empezaban sus prácticas...

A las 10:30 pasó la ginecóloga a hablar conmigo y explicarme el proceso. Empezarían con Propess, una especie de tira de papel con hormonas prostaglandinas que colocarían en mi vagina para desencadenar el parto. Me explicó que me pondrían una ese día, durante 11 horas, y que podía funcionar o no. Si no funcionaba, la quitarían, y me dejarían descansar toda la noche. Al día siguiente pondrían otra. Y esperarían de nuevo 11 horas, para ver si hacía efecto. Si no lo hacía, me dejarían descansar de nuevo otra noche, y a la mañana siguiente empezarían con oxitocina. Me hizo un tacto y me dijo que el cuello del útero aún no estaba borrado, estaba como a un 40%, pero que tenía contracciones regulares (yo no las notaba, pero aparecían en el monitor) y que parecía tener muy buenas condiciones para la inducción. A las 11:00 de la mañana me colocaron la medicación y me dejaron casi una hora más en monitores. Mientras, me acordaba de los interminables partos de mis amigas... ojalá yo tuviera más suerte.

Al rato de ponerme la medicación, empecé a notar las contracciones que mostraba el monitor, con un ligero dolor similar al de la regla. No era una gran molestia, pero oye... parecía que eso hacía algo de efecto. Sobre las 11:45 me preguntaron cómo iba, y me dijeron que me subirían a planta. La próxima visita a monitores sería a las 18:00 de la tarde. Y por supuesto, que si sentía muchas contracciones, o muy fuertes, tenía que avisar, ya que había casos en los que había que retirar el Propess.

A las 12:00 ya estaba en la habitación con mi marido y mis padres. Tenía bastante buen humor y empecé a reírme sobre el dolorcillo que me estaba entrando. Sobre las 12:30, me dolía bastante, y me estaba dando cuenta de que las contracciones era bastante seguidas. No me había dado por controlarlas, porque al estar en el hospital, y decirme tantas veces que era un proceso largo... pues no le presté mucha atención. Entre tanto, me entraron ganas de hacer caca, y rápidamente fui al baño. Pensé que quizás más tarde, con ese dolor pero más intenso, no sería capaz. Al limpiarme me pareció que el Propess había salido un poco de mi vagina, pero con el barrigón... como para verlo. Mi madre "se asomó" un poco debajo del camisón, y me dijo que parecía estar dentro, y así quedó la cosa.

A la 13:00 noté que la intensidad de las contracciones era bastante fuerte... pero ¿Quién sabía hasta dónde podía llegar el dolor? Empecé ya a quejarme tímidamente... mi madre se reía... "Pues no te queda nada...", las enfermeras que me preguntaban me decían... "Es que te tiene que doler. Eso es buena señal, pero tranquila que queda mucho". 

Sobre la 13:15 empecé a cronometrar las contracciones. Y ¡Sorpresa! No eran totalmente regulares, pero eran cada dos minutos, o minuto y medio, y duraban unos 25-30 segundos. Y de nuevo las enfermeras... "Tranquila, es normal, con el Propess tendrás las contracciones más seguidas"... Puff... ¿Pero las contracciones no empezaban cada, 10, 5 minutos.... e iban progresando poco a poco? Qué horror. Empecé a ponerme nerviosa pensando en tener que aguantar ese dolor durante dos días.

A las 14:00 me trajeron la comida a la habitación. Como la inducción podía ser larga, no me habían puesto en ayunas aún. Las contracciones me dolían mucho. Llevaba ya un rato deambulando por la habitación, sin querer sentarme y aliviándome el dolor a base de respiraciones controladas, y basculando la pelvis como me habían enseñado en las clases de preparación al parto. Pero nada me ayudaba. Probé un bocado, porque mi marido y mi madre insistieron, pero era incapaz de comer con ese dolor. ¿En serio ese dolor era normal? ¿No era demasiado rápido? Pues según todos era lo normal, y yo una quejica.

A las 14:40 no podía soportarlo más. Las contracciones eran cada minuto, y duraban más de 40 segundos. Eran muy fuertes y dolorosas. No podía descansar entre unas y otras, me encontraba fatal, sentía que hiperventilaba, y que aquello iba demasiado rápido. Nadie me hacía caso, era una primeriza más quejándose de los primeros dolores del parto... pues anda que no me quedaba nada...

A las 15:00 exigí que me bajaran a monitores. A mi me habían dicho que avisara si las contracciones eran muy seguidas o muy fuertes, y por mucho que se empeñaran en que aguantara, a mi no me parecía que fuese el inicio del parto. Yo quería saber como iba, y que todo estaba bien. Quedaban aún 3 horas para las 18:00 y no pensaba aguantar 3 horas sin que nadie me viera.

Enseguida me bajaron a paritorio, pero me dejaron allí aparcada en monitores. En esa cama que se convirtió en una cama de tortura, porque no soportaba estar tumbada. Me quería levantar, pero querían tener un registro claro de monitores y no me dejaron. Me retorcía allí, mientras el matrón responsable de mi parto se reía de mí. "Esto solo está empezando. Te acaban de poner el Propess como quien dice... te queda mucho, tienes que mentalizarte y aguantar el dolor, es muy pronto". Yo quería matarlo... uf. Después entró mi madre, que trabaja en ese hospital, y vio como me retorcía y lloraba. Le daba patadas a los pies de la cama, porque el dolor era insoportable, y estaba ahí cada minuto, durante un minuto.

Por fin, sobre las 15.45 pasó la ginecóloga. Miró mi registro y me dijo "Pues la cosa se anima, tienes unas contracciones muy curiosas. Vamos a ver como vas"... El tacto ni lo sentí. Solamente quería que me dijese que ya estaba de parto, y que ese dolor no era a causa de la medicación, que no tendría que soportar eso durante dos días...


CONTINUARÁ... (Mi parto inducido: Parte II)