Mi parto inducido: Parte I

martes, 7 de febrero de 2017


Pocas horas antes de ver a Alma...

¡Hola a tod@s!

Hoy hace exactamente dos meses y seis días que Alma llegó a este mundo. Y desde el minuto uno revolucionó mi vida y la de todos los que nos rodean. No puedo describir muchas de las sensaciones que nos han inundado desde que supimos que estaba en camino. Creo que hay que vivirlo para saberlo, porque todo lo que cuente es poco.

Tengo que ponerme al día con muchas entradas sobre el embarazo, ya que desde el segundo trimestre, no volví a escribir nada en el blog. Fue un embarazo intenso, con sus sobresaltos y disgustos, pero por suerte, todo iba quedando en pequeños sustos y baches en el camino. Pero eso no es lo que contaré en esta entrada.

Por mi cuenta de twitter conté que me tocó (y en esto no tuve suerte) padecer la temida Diabetes Gestacional. Desde la semana 26 tuve que batallar con mis niveles de glucosa para que Alma no sufriera las consecuencias. Fue muy duro, porque ni dieta, ni ejercicio, ni si quiera la insulina, consiguieron que esos niveles fueran regulares en ningún momento. Tan solo dos semanas antes del parto, parecía que la cosa estaba controlada, aunque con algún que otro nivel alterado.

El caso es que a pesar de que pregunté una y mil veces a la enfermera que hacía mi seguimiento, que cómo influía la diabetes en el parto, nunca me llegó a decir que si llegaba a la semana 40 y no había dado a luz, me inducirían el parto sí o sí. Solamente me comentó que tendrían que ponerme glucosa e insulina mediante una vía, y que no me iba a librar del incómodo gotero durante el trabajo de parto.

Gracias a la diabetes estuve muy controlada en el último trimestre, y visitaba la consulta de alto riesgo cada 15 días. A partir de la semana 37 empecé con monitores, y aunque yo notaba contracciones desde el séptimo mes, no eran contracciones de parto.

Cuando estaba de 39+6 tenía cita en alto riesgo. A pesar de caminar hasta el agotamiento, hacer ejercicios con la pelota de pilates, etc, en esa visita a monitores no se vieron tampoco contracciones de parto, aunque si que me exploraron y el cuello del útero estaba borrado al 40-50%.

La sorpresa me la llevé cuando la ginecóloga de turno en vez de darme la siguiente cita para monitores me dijo: "Pues está todo bien, pero como eres diabética insulinodependiente sin controlar, ingresas mañana para que induzcamos tu parto. Tienes buenas condiciones para una inducción, tu niña está bien de peso, tu estás cumplida y dejar avanzar tu embarazo solo puede aumentar las complicaciones en el parto, y en tu bebé".

Puff, me sentó como un jarro de agua fría... El parto inducido es el último que hubiese elegido. En todo mi entorno, conocía varios casos de partos inducidos que habían sido muy complicados, y ninguno fácil. Estaba aterrada, lloré de impotencia, e incluso pensé en negarme, pero ¿Y qué sabía yo para valorar si hacían bien o mal en provocarme el parto? Al fin y al cabo, yo, que tan informada me creía, nunca había escuchado, que a las 40 semanas exactas, la inducción se llevara a cabo por protocolo en los casos similares al mío. Así que, muy a mi pesar, agaché la cabeza y me dejé llevar... me dejé hacer.

Pasé ese día, que ya era el anterior al parto, bastante relajada y con mi marido. Intentamos dormir siesta, paseamos a nuestro perro, fuimos a comprar algunas cosas, a visitar a mi abuela, a los compañeros de trabajo... Por la noche me duché, me arreglé el pelo y repasé todo lo que había en la maleta del hospital. Me esmeré en dejar la casa limpia, recogida y lista para recibir a mi bebé a la vuelta... al menos, el saber cuando sería el parto, me permitió tomarme los preparativos con calma, además, ya tenía casi todo listo ese día. ¡Es que cumplía justo ese día!

Durante la consulta me hicieron un tacto, que me resultó bastante doloroso. Pensé... "ojalá esto acelere el parto". Durante el día sangré, aunque muy poco, Ya había expulsado el tapón mucoso poco a poco durante las 2-3 semanas anteriores. Pero empecé a soltar mucho flujo... o lo que yo pensaba que era flujo. Tenía un olor raro, y era transparente, mezclado con la poquita sangre que me había provocado el tacto. Pensé que quizás me habían hecho una fisura en la bolsa, y casi recé porque fuese así, y mi parto se desencadenase antes del ingreso. Pero no fue así.

La noche antes me acosté muy tarde, y dormí bien pero muy poco. y aunque sentía las mismas contracciones que meses anteriores, no parecían de parto.

A las 8:00 de la mañana ingresé acompañada por mi marido y mi madre. Entré en paritorio y me recibieron con el camisón ya en la mano. Después de tomar nota de algunos datos, entregué mi plan de parto diciendo "Bueno... os he traído mi plan de parto, pero claro... al ser inducido no creo que cumpláis casi nada de lo que aquí he escrito..." La matrona residente que me acompañó, me dijo, "No pienses eso, haremos lo que podamos". También entregué los documentos necesarios para donar la sangre del cordón umbilical. Era mi deseo.

A las 8:30 ya estaba en monitores. Me pasaron a una sala compartida de tres camas y allí me dejaron durante bastante tiempo. El personal que se encargaría de mi parto se presentó, y mi matrona residente, vino a ponerme la vía con una enfermera en prácticas. Bueno... no me voy a quejar. Todo el mundo tiene derecho a aprender, y tampoco fue para tanto... Había tenido la suerte de parir el día que un turno nuevo de estudiantes empezaban sus prácticas...

A las 10:30 pasó la ginecóloga a hablar conmigo y explicarme el proceso. Empezarían con Propess, una especie de tira de papel con hormonas prostaglandinas que colocarían en mi vagina para desencadenar el parto. Me explicó que me pondrían una ese día, durante 11 horas, y que podía funcionar o no. Si no funcionaba, la quitarían, y me dejarían descansar toda la noche. Al día siguiente pondrían otra. Y esperarían de nuevo 11 horas, para ver si hacía efecto. Si no lo hacía, me dejarían descansar de nuevo otra noche, y a la mañana siguiente empezarían con oxitocina. Me hizo un tacto y me dijo que el cuello del útero aún no estaba borrado, estaba como a un 40%, pero que tenía contracciones regulares (yo no las notaba, pero aparecían en el monitor) y que parecía tener muy buenas condiciones para la inducción. A las 11:00 de la mañana me colocaron la medicación y me dejaron casi una hora más en monitores. Mientras, me acordaba de los interminables partos de mis amigas... ojalá yo tuviera más suerte.

Al rato de ponerme la medicación, empecé a notar las contracciones que mostraba el monitor, con un ligero dolor similar al de la regla. No era una gran molestia, pero oye... parecía que eso hacía algo de efecto. Sobre las 11:45 me preguntaron cómo iba, y me dijeron que me subirían a planta. La próxima visita a monitores sería a las 18:00 de la tarde. Y por supuesto, que si sentía muchas contracciones, o muy fuertes, tenía que avisar, ya que había casos en los que había que retirar el Propess.

A las 12:00 ya estaba en la habitación con mi marido y mis padres. Tenía bastante buen humor y empecé a reírme sobre el dolorcillo que me estaba entrando. Sobre las 12:30, me dolía bastante, y me estaba dando cuenta de que las contracciones era bastante seguidas. No me había dado por controlarlas, porque al estar en el hospital, y decirme tantas veces que era un proceso largo... pues no le presté mucha atención. Entre tanto, me entraron ganas de hacer caca, y rápidamente fui al baño. Pensé que quizás más tarde, con ese dolor pero más intenso, no sería capaz. Al limpiarme me pareció que el Propess había salido un poco de mi vagina, pero con el barrigón... como para verlo. Mi madre "se asomó" un poco debajo del camisón, y me dijo que parecía estar dentro, y así quedó la cosa.

A la 13:00 noté que la intensidad de las contracciones era bastante fuerte... pero ¿Quién sabía hasta dónde podía llegar el dolor? Empecé ya a quejarme tímidamente... mi madre se reía... "Pues no te queda nada...", las enfermeras que me preguntaban me decían... "Es que te tiene que doler. Eso es buena señal, pero tranquila que queda mucho". 

Sobre la 13:15 empecé a cronometrar las contracciones. Y ¡Sorpresa! No eran totalmente regulares, pero eran cada dos minutos, o minuto y medio, y duraban unos 25-30 segundos. Y de nuevo las enfermeras... "Tranquila, es normal, con el Propess tendrás las contracciones más seguidas"... Puff... ¿Pero las contracciones no empezaban cada, 10, 5 minutos.... e iban progresando poco a poco? Qué horror. Empecé a ponerme nerviosa pensando en tener que aguantar ese dolor durante dos días.

A las 14:00 me trajeron la comida a la habitación. Como la inducción podía ser larga, no me habían puesto en ayunas aún. Las contracciones me dolían mucho. Llevaba ya un rato deambulando por la habitación, sin querer sentarme y aliviándome el dolor a base de respiraciones controladas, y basculando la pelvis como me habían enseñado en las clases de preparación al parto. Pero nada me ayudaba. Probé un bocado, porque mi marido y mi madre insistieron, pero era incapaz de comer con ese dolor. ¿En serio ese dolor era normal? ¿No era demasiado rápido? Pues según todos era lo normal, y yo una quejica.

A las 14:40 no podía soportarlo más. Las contracciones eran cada minuto, y duraban más de 40 segundos. Eran muy fuertes y dolorosas. No podía descansar entre unas y otras, me encontraba fatal, sentía que hiperventilaba, y que aquello iba demasiado rápido. Nadie me hacía caso, era una primeriza más quejándose de los primeros dolores del parto... pues anda que no me quedaba nada...

A las 15:00 exigí que me bajaran a monitores. A mi me habían dicho que avisara si las contracciones eran muy seguidas o muy fuertes, y por mucho que se empeñaran en que aguantara, a mi no me parecía que fuese el inicio del parto. Yo quería saber como iba, y que todo estaba bien. Quedaban aún 3 horas para las 18:00 y no pensaba aguantar 3 horas sin que nadie me viera.

Enseguida me bajaron a paritorio, pero me dejaron allí aparcada en monitores. En esa cama que se convirtió en una cama de tortura, porque no soportaba estar tumbada. Me quería levantar, pero querían tener un registro claro de monitores y no me dejaron. Me retorcía allí, mientras el matrón responsable de mi parto se reía de mí. "Esto solo está empezando. Te acaban de poner el Propess como quien dice... te queda mucho, tienes que mentalizarte y aguantar el dolor, es muy pronto". Yo quería matarlo... uf. Después entró mi madre, que trabaja en ese hospital, y vio como me retorcía y lloraba. Le daba patadas a los pies de la cama, porque el dolor era insoportable, y estaba ahí cada minuto, durante un minuto.

Por fin, sobre las 15.45 pasó la ginecóloga. Miró mi registro y me dijo "Pues la cosa se anima, tienes unas contracciones muy curiosas. Vamos a ver como vas"... El tacto ni lo sentí. Solamente quería que me dijese que ya estaba de parto, y que ese dolor no era a causa de la medicación, que no tendría que soportar eso durante dos días...


CONTINUARÁ... (Mi parto inducido: Parte II)

2 comentarios:

  1. me dejas así???? en serio?????
    Aixxx, pero qué pasó???!!!

    A mi me quisieron hacer una cesarea programada, pero la peque decidió salir tan campante en la semana 38 y me puse de parto un domingo de madrugada. Y menos mal que corrimos, porque en dos horas la peque había decidido que su sitio estaba fuera, jejejeje.
    Bueno.... pues a esperar la segunda parte :)
    MUAS!

    ResponderEliminar
  2. Gracias por leerme! Ya tienes la segunda parte en el Blog! Hija... no me da tiempo, con esta enana solo puedo hacer las cosas a trocitos y no sé ni cómo jejeje, pero me apetecía contarlo con mucho detalle, para compartirlo y para que no se pierda ni un solo detalle en mi memoria. Un abrazo guapa!

    ResponderEliminar